Disminuir la influencia de los partido sobre los diputados
Sábado, 10 Mayo 2008 por Geógrafo Subjetivo
En toda esta serie de entradas que quiero dedicarle a los tópicos de la “regeneración democrática” hay una idea que puede atraer a muchas personas, pero que es sumamente problemático: la búsqueda de bajar la influencia de los partidos en sus diputados para que estos sean estrictamente dependientes de sus electores.
Esta idea de la dependencia de los electores y no de los partidos tiene un sabor que es a priori atractivo, pero que en un plano de política nacional tiene su más que evidente peligro.
Si un diputado, para resultar elegido, no ha necesitado casi (idealmente por medio del sistema mayoritario) hace que los diputados no tengan conciencia de país, sino que se constituyan únicamente en guardianes de los más estrictos intereses de su circunscripción.
La formación de gobierno y su estabilidad sería casi imposible, porque dependería de los pagos en forma de inversiones (sin ningún tipo de criterio de racionalidad o eficiencia) a muchas circunscripciones y cada norma que se quisiera sacar adelante dependería de una serie larguísima de compensaciones para que cada diputado diera su sí. El gasto presupuestario que implicaría cada ley que se aprobase sería muy superior al de su memoria económica.
Los partidos tienen muchos defectos pero sí nos permiten articular proyectos de índole nacional y definir prioridades. En todo caso, si una circunscripción no se siente bien representada puede votar a otro partido o al montón de candidaturas de otros partidos e independientes que se presentan a las elecciones.

Muy de acuerdo. ¿Que las políticas de los partidos son mejorables? Cierto. Para eso está el trabajo desde dentro.
Cuando se siente desconfianza po el sistema de representación, y se siente añoranza utópica por la delegación, los sistemas de representación personal anglosajones están muy lejos de nuestra cultura política. Ciertamente el partido integra propuestas.
Ojo a la publicación de las balanzas fiscales.