Rusia y el fraude constitucional
Viernes, 9 Mayo 2008 por Geógrafo Subjetivo
La fortaleza de las instituciones se demuestra cuando éstas demuestran que son capaces de sobrevivir a las personas. La permanencia de las instituciones sobre el paso de las personas es su razón de ser. El termómetro sobre el buen funcionamiento de las instituciones de un país es su integridad cuando cambia de titular.
El caso de Rusia, en el que un nuevo Presidente ha tomado posesión pero sabiendo todos que el verdadero mandatario será su Primer Ministro y ex Presidente, pone a las claras que las instituciones rusas aún no se han dejado de ser una cobertura administrativa para un poder de carácter personal.
Putin se hizo con la Presidencia forzando la dimisión de Yeltsin y ahora coloca a un hombre de paja, Medvedev, para continuar mandando. No importa que la Constitución establezca los poderes del Presidente, porque la verdadera constitución, las de las auténticas relaciones de poder, indica que el poder en la Federación Rusa sigue teniendo un carácter personal o carismático (en palabras de Weber) insoslayable. La ley suprema, y con ella las demás,
La inexistencia de partidos políticos organizados, con la excepción del muy mermado Partido Comunista, permite a los hombres fuertes dentro de los aparatos militares, industriales y políticos, decidir libremente los designios del país, haciendo de las elecciones un mero trámite gracias a un impresionante aparato de propaganda y de represión. Los partidos tienen muchos problemas, pero proporcionan una estructura opositora constante y que da una referencia social para quienes no están de acuerdo con el gobierno.
Si podemos decir que una característica de la Democracia es que es el gobierno de las leyes y no de los hombres, en Rusia no hay un gobierno democrático, porque la ley es la expresión de la voluntad de Putin, y así como las instituciones que han quedado como simple amparo del poder de un hombre y de quienes él protege y se protegen en él.
Que era un tongo estaba cantado desde un principio. Desde Yeltsin la democrácia en Rusia ha sido un cuento chino de primer orden, y eso es sabido dentro y fuera. Allí siguen en una especie de comunismo capitalista de partido único como hace 20 años, y la cosa va a seguir así, lamentablemente. El problema es que esto sólo tiene visos de solucionarse a base de golpe de estado, me da la sensación.
Aún peor. Antes había una estructura, el PCUS, superior a los individuos tras la muerte de Stalin. Ahora no se sabe quienes mandan realmente.