La experiencia política
Jueves, 8 Mayo 2008 por Geógrafo Subjetivo
Ignacio Urquizu ha escrito en “Debate Callejero” una reflexión sobre la relación entre juventud y experiencia política en vista al nuevo gobierno. Lo primero que querría decir es que este gobierno es el de mayor media de edad de toda la democracia y eso que tiene a la ministra más joven en el nuevo Ministerio de Igualdad.
Urquizu mantiene una tesis que es tan cierta como su contraria. En síntesis mantiene que ser joven no quiere decir ser incapaz para ser ministro o para ejercer una responsabilidad, pero el argumento es reversible: la juventud tampoco es garantía de hacerlo bien.
Sí creo que Urquizu tiene razón en decir que muchas veces eso que llamamos “experiencia política” no es más que habilidad para mantenerse con los que ganan dentro de un partido, pasando los años y sin más méritos que estar en el sitio oportuno con la compañía oportuna. Siendo esto verdadero no sé si hay mucha más posibilidad de adquirir experiencia política si no se está en el poder, tanto dentro del partido como fuera de él.
Esto nos lleva, nuevamente de acuerdo con Urquizu, en que la experiencia política no se evalúa. Una persona tiene experiencia por haber tenido cargos, pero no si su gestión ha sido buena o mala.
El problema es que una gestión ha sido buena si el jefe la ha considerado como tal, independientemente de cualquier evaluación externa o de datos objetivos. Por la simple decisión del jefe una persona puede hacerse un curriculum y adquirir una gran experiencia política siendo un verdadero inepto. Me llama la atención de que haya gente que reclame la existencia de listas abiertas en las elecciones y no pida que se anuncie antes de celebrarse las elecciones a quienes se va a poner en cada puesto.
En España, especialmente para la Presidencia del Gobierno, se ha desatado la euforia por la juventud desde que comenzó nuestra andadura democrática. Adolfo Suárez, Aznar y Zapatero accedieron a la Presidencia con cuarenta y tres años, Felipe González lo hizo con cuarenta y la única excepción fue Calvo-Sotelo, con cincuenta y tres, pero que ha sido el único Presidente que no ganó las elecciones como paso previo a La Moncloa.
El problema es que o se asciende demasiado rápido o se es demasiado joven siempre (no hay modelo de militancia definido). Hay personas que suben meteóricamente, como Soraya Sáenz o Bibiana Aido, y otras muchas que se quedan en esperar hasta que son ya mayores como para empezar en un puesto mínimo. Los cuadros medios, y menos medios, están prácticamente monopolizados por la generación de los sesenta, la de los setenta ha sido saltada prácticamente y la esperanza se sitúa en la generación de los ochenta.
Junto a Presidentes con carreras cortas y jubilaciones nocivamente tempranas, tenemos a personas que se enrocan en puestos y que cambian de uno a otro independientemente de su capacitación (algunos valen para todo). En nivel autonómico y local está lleno de dinosaurios en todos los puestos de los principales partidos que no hay forma humana de remover pese a sobradas pruebas de su ineficiencia.
Yo más que experiencia política pediría experiencia personal y profesional para acceder a la política. No quiero decir que solamente debieran seleccionarse a JASP, sino que cada cual debe mostrar capacidad en a profesión que haya elegido y que haya ejercido.
Los relevos generaciones sólo se están produciendo en condiciones traumáticas y a veces son necesarios hasta dos desastres electorales para que “corra turno”. En vez de establecerse un normal recambio de efectivos o éste se produce en medio de la derrota o a través de fichajes estrellas que colocan a personas con poca trayectoria en puestos importantes y que no dejan de ser más que adornos.